Una muchacha muy bella – Julián López

muchachaHace muchos meses, tantos que casi suman un año, me encontré con el libro “Una muchacha muy bella” de Julián López. Desde las primeras páginas me enamoré del dúo protagonista, una pareja que va por la vida teniéndose solamente el uno al otro.

Por cosas de la vida, que no suele dar explicaciones, esta historia se quedó esperándome, con paciencia, buscando tiempos mejores para la lectura, pero nunca se fue de mi mente. Y hace un par de días, por fin, pude volver a sus páginas. Y, por suerte, la magia sigue tal cual la recordaba.

Un niño pequeño, nos cuenta, desde su mirada inocente, lo que cada día ocurre en su vida, la cual comparte solamente con su madre: una muchacha muy bella. Él sólo ve lo que sus pocos años le permiten, pero los adultos que leemos sabemos qué significan las escapadas repentinas de su madre, las sirenas qué él escucha en la noche y que confunde con barcos, la presencia de policías en las esquinas y las amenazas de bombas. Para él son simples anécdotas, para nosotros son señales de muerte.

La muchacha, además de ser muy bella, es una asidua lectora que se mete en sus libros abstrayéndose de todo incluso de su hijo. Lo mismo le pasa cuando sus pensamientos deciden llevarla lejos, se pierde en el horizonte y nada ni nadie logra traerla de vuelta. Pero cuando conecta con el presente y con su hijo es una madre amorosa, que prepara para cenar las más deliciosas salchichas y se preocupa en forma casi exagerada por el bienestar de su pequeño.

Paseos por el Jardín Botánico, la compra de chocolates, un campamento pasado por agua, un sweter con ochos, un disfraz de marciano que parece más un bicho triste que un visitante de otra galaxia, la última Navidad. Recuerdos que nos parten el alma al presentir un final que va contra los designios de la naturaleza.

Al final del libro, el niño ha crecido. Por el camino perdió a su madre y es un adulto devastado. Un niño que creció sin padre y sin madre y un adulto que se niega a su vez a ser padre de alguien más. El dolor de la pérdida prematura le impide pensar en un futuro de entrega.

Esta novela es pura poesía. Un poema escrito en prosa. De una belleza indescriptible, a pesar del dolor y el miedo que nos transmiten las palabras. El amor de un hijo por una madre que dejó de serlo demasiado joven está en estas páginas, hermosas páginas, que quedan en la memoria con un sabor agridulce.

Si, vayan ya a buscarla a su librería amiga. Editó Eterna Cadencia. Búsquenla hasta que la encuentren y disfrútenla hasta el final.

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